El Lado Oscurito de Palermo

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El Lado Oscurito de Palermo

Cuando Cabildo se hace Santa fe, corren personas como avalanchas. En ese nudo de pasajeros, autos, motos, bicicletas, y peatones cada uno tiene afán en su rutina. Cada quien sabe dónde dejará de correr, si es que lo hace en algún momento.
En el centro del caos y hasta el fondo de la cadena alimenticia de la pirámide capitalista, un hombre. Levantó una galletita del piso, la miró; no esperó para morderla. Arriba del tacho, en los despojos del progreso, había una bolsa blanca con medialunas. La basura de unos es la riqueza de los otros. Pero nada fue azar. Ese paquete diferenciado cuenta que alguien ya lo vió. No a él,  a cualquiera de los él. Una doña o un don pusieron la comida separada de la basura para los que no corren; los que están al otro lado de la sociedad. Los que no tienen un lugar al cual llegar.
La cultura que se intenta asesinar, borrar, olvidar. Los que están en la vereda, en la que nadie reclama el cuerpo, ni hace marchas multitudinarias. No ofenden sus injusticias a la harta clase media. Por hoy el pibe no fue solo una estadística. A veces una mirada lo hace ser una persona por un rato. A veces una mirada lo convierte en despojo un rato más. Y cuando puede, sueña que tiene comida, y unos pesos para gastar.
Él nunca tuvo una casa, no nació en una maternidad. Limpió vidrios, hizo malabares, vendió golosinas en el tren. Quizás no sabe qué se celebra el 2 de Abril o el 25 de Mayo. Su vida entera es un complejo sistema de posibles tal vez. Lo que es un hecho es que hay gente que nos necesita, a todos. A los que podamos dar un gesto y una mirada humana. No es necesario dinero para cuando los vemos, mirar a una persona y no a un hueco. Nosotros fallamos como sociedad cada día que alguien no cena. No te estreses, solo no lo desprecies por ser quien es.