Naturaleza ciega
Wednesday, May 14th, 2008Venía caminando hacia el trabajo cuando, faltando tres cuadras, se me metió una basurita en un ojo. Un momento incómodo por demás ya que la basurita se había ensañado con alguna zona extremadamente sensible de mi ojo que hacía que la molestia pasara a ser un dolor bastante insoportable. El ojo me lloraba a rabiar mientras una de mis manos hacía lo que no hay que hacer: refregar el ojo. Casi no podía abrirlo mientras el otro, que también lagrimeaba, me permitía ver parte del mundo, en su versión 2D, bajo una cortina de agua.
Fueron tres cuadras muy largas hasta que pude llegar a la oficina e ir al baño a verme al espejo e intentar quitar al molesto intruso. Por suerte todo volvió a la normalidad rápidamente y mi ojo me agradeció haberlo liberado del ataque desmedido de una partícula de… “algo”.
Esto confirma mi teoría: el cuerpo humano es una máquina extremadamente perfecta que tiene dos errores graves en su diseño: ojos y dientes.
Los dientes, herramienta básica para poder masticar la comida que te alimenta, se deterioran si no los cuidas con objetos no naturales (cepillos de dientes, dentífricos, hilo dental). ¿La naturaleza no pensó que los dientes se deberían mantener a sí mismos sin necesidad de ayuda externa? Alguien me dijo que, cuando apareció el ser humano, no había chocolates… puede ser.
Por otro lado, no comprendo como los ojos, la base de uno de los sentidos más importantes, están tan expuestos a la aleatoriedad de tu alrededor. Cualquier pavada que vuela por ahí te impide seguir viendo, te impide seguir desenvolvíendote en el mundo de un momento para el otro. No hablar si por algún hecho violento perdés un ojo o simplemente te quedás ciego. Si los gatos o pájaros tienen un tercer párpado, ¿por qué el resto de los animales no los tienen para protejer aún más tan valioso órgano? Me queda claro que nada te va a salvar si tenés un accidente, pero se evitarían muchas molestias tontas si los ojos estuvieran más protegidos.
El cuerpo humano es casi perfecto… casi.


