Laberinto

Esto quizás deba tener más elaboración, pero…

… creo que la juventud te deja una enseñanza.

Durante la misma nos cruzamos con un oscuro laberinto extremadamente peligroso. Formado por altos muros que desorientan a quienes caminan por los interminables y solitarios pasillos y, al mismo tiempo, impide la mirada de los curiosos a los cuales siempre se los invita a entrar… por un ratito… Cada uno de nosotros decidimos, conscientes o no, si entramos en él o nos quedamos afuera. Las consecuencias pueden ser extremadamente dispares y definen nuestro futuro.

Algunos ni siquiera se atreven a acercarse; ni lo miran de lejos. Saben su peligro y se mantienen alejados, pero no conscientes de su existencia y sus peligros, sino con miedo y negación. Nunca vieron sus paredes ni saben de qué se trata. A lo lejos oyen rumores de sus peligros y mantienen esa bandera de no acercarse ni enterarse. A veces, sienten mucho desprecio por quienes están dentro de él. Incluso llegan a opinar sin saber de lo que hablan.

Otro grupo de personas llegan hasta sus puertas, hasta sus muros externos, y son tentados para ingresar, pero nunca lo hacen. Quizás por miedo, quizás por convicción. Saben poco del tema, no mucho más que el color o la altura de los muros o las distintas vías de ingreso, que son muchas y muy variadas. A veces, sienten los olores que emanan estas puertas de acceso y escuchan algunas voces de quienes están dentro, en las cercanías de los muros.

Muchos llegan a entrar. Dan unos primeros pasos y salen velozmente con miedo. Otros se quedan por ahí, en principio, tranquilos. Otros ingresan solamente por pertenencia, por querer demostrar algo, o dicho con otras palabras, por debilidad. No se quieren quedar fuera de su entorno y deciden entrar, aunque saben del peligro. Muchas veces están conscientes y creen que poseen una brújula que los va a guiar hacia a una salida en cualquier momento. Claro, pocas veces saben que una brújula no te libera de un laberinto ya que éste posee su propia física y sus propias reglas. Estar a metros de la salida no te hace nada, dicen, y se vanaglorian de su actitud de “control”. Cada tanto, alguno sale, pero vuelve a entrar. Otros salen para nunca más volver y otros, casi sin querer (o queriendo) se adentran más y más en los pasillos cada vez más oscuros, cada vez más solitarios…

Algunos pocos son capaces de escalar las paredes del laberinto, caminando por sus bordes mirando lo que ocurre dentro, pero sin estarlo. Sin duda, una práctica complicada y arriesgada. Muchos resbalan y caen. Son pocos los que, de esta manera. pueden llegar a ver el centro (casi ninguno, diría yo). Quizás, es una manera de conocer algo del laberinto, sin caer en sus fauces. La mayoría termina volviendo sobre sus pasos para quedarse afuera para siempre, sin estar impregnado del aliento fétido del laberinto.

De los que entran, tenemos a aquellos que sólo se quedan en las cercanías de las salidas, pero otros, casi sin querer, o queriendo, se adentran más y más. A medida que están más adentro, menos posibilidad de salir tienen ya que el camino de salida en un laberinto es casi invisible, y a medida que pasa el tiempo, los sentidos se debilitan para complicar aún más el escape. Cuanto más adentro están, más oscuros y solitarios son los pasillos. Muchos pierden la partida y son retirados del juego en una cajón. Otros, con mucha lucha y esfuerzo, consiguen salir. Y algunos más todavía están ahí… sin querer o sin poder salir, incluso sin saber donde están o hacia dónde van.

Y eso vi la otra vez en el barrio. Viejos conocidos que, en sus treinta y largos, han podido, en apariencia por lo menos, salir del laberinto…

… y otros…

… otros que todavía deambulan como zombies, sin saber dónde están, sin saber que hay un mundo afuera, y cada vez, más cerca de ese centro sin retorno…

One Response to “Laberinto”

  1. gchu Says:

    muy bueno el blog

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