Björk en Argentina: 4 de noviembre

La verdad es que ir a un recital un domingo a la noche no es una de las cosas más lindas que puede haber. Uno vuelve a casa diciendo “mañana hay que trabajar”. Por suerte si el recital fue lo suficientemente bueno, uno tiene imágenes y sonidos para recordar durante toda la noche.

Llegó Björk a la Argentina y se presentó ayer en el teatro Gran Rex (la segunda fecha es éste miércoles). No es fácil intentar explicar lo que siente uno ante un recital de un artista del cual uno no es seguidor. Claro, Björk no es santo de mi devoción, pero respeto tanto su música que ahí estaba, mezclado entre los fans y los no tanto.

Llegué junto con Laura y Valentina un ratito antes de que empiece el show. Teníamos asientos en Super Pullman (primer piso, fila 4, casi en el centro). La ubicación era muy buena, claro, no como si uno estuviera abajo, pero bue… Si me traen un artista tras otro de afuera y me arrancan un ojo de la cara por cada uno, se hace difícil pagarlos, ¿vio? (¿Cómo decía la propaganda? Viene The Police y todavía no terminaste de pagar U2… :P ). El público era 100% Björk, en sus dos extremos: chicos y chicas jóvenes, con una estética “rave” y gente ya más grandecita y con anteojos (repito, las computadoras están cegando a la juventud… y dándoles mucha plata a los oftalmólogos).

A las 21:45, más o menos, se apagaron las luces y empezaron los gritos del público. Se abrió el telón y vimos una escenografía que mezclaba banderas y estandartes de la época medieval, junto con elementos tecnológicos como pantallas y computadoras. El recital comenzó bien abajo, con un grupo de bronces de 10 integrantes (tuba, trombones, cornos y trompetas, si es que no me olvido de ninguno) todos vestidos como ¿arlequines? (o algo así) y Björk cantando muy lentamente, descalza y enfundada en un vestido lleno de volados que la asemejaba a un pollito. Si, clásico de ella.

Los primeros temas estuvieron bien abajo, lentos, tranquilos. Björk, los bronces y luego el agregado de un tecladista, un baterista/percusionista y dos integrantes más que se encargaban de sampleos, programación, etc (disculpen que no conozca los nombres de todos). Sin duda este arranque de recital fue sorprendentemente grato para mi. Aquí es el punto en donde este tipo de música… mmmm… ¿cómo llamarla? mmmmm…. ¿electrónica, para simplificar? más me atrae. Ese punto en donde el objetivo de los temas no es bailar como entes descerebrados, sino disfrutar de un clima sonoro, de un ambiente placentero (y a veces, no tanto) de música.

Acá es donde tengo que hacer una aclaración al margen con una afirmación que nos va a doler a todos. Björk comprende la música de una manera absolutamente distinta a como la comprendés vos o yo. Ella está a otro nivel (ojo, no está hablando una persona que le encante la música de Björk, eh!). Esos sonidos que uno escucha deben sonar de manera diferente a oídos de esta mujer (iba a decir ‘chica’, pero ya tiene 41 años). Su música e ideas son extremadamente personales y no se condicen ni con otro músico ni con otro estilo musical. Es totalmente personal y único.

Imaginen este escenario: un ritmo sincopado lento, casi imperceptible (olvídense del concepto de un baterista tocando una batería, ¿si?); súmenle pequeños ruiditos, algunos electrónicos y otros “mecánicos” (es decir, el baterista tocando unas pequeñas campanitas… con cadenas, por ejemplo) que no tienen que ver con el ritmo que los antecede; agrégenle armonías sonoras extrañas; un piano que toca otra melodía; bronces que, en gran parte, aportan un complemento sonoro distinto al resto de los instrumentos; y a todo eso, súmenle a Björk que canta OTRA melodía totalmente distinta. Si a esta mezcolanza sonora, le suman a la cantante que se mueve A OTRO RITMO, el resultado es desorientador: un hermoso caos sonoro y visual. Es casi como escuchar cinco CD’s a la vez de cinco músicos distintos, mientras obsevás las imágenes de otra cosa.

Así siente Björk la música.

El recital fue una pendiente en subida. Habíamos dicho que empezó muy abajo, y así se mantuvo durante muchos temas (¿diez?). Yo estaba asombrado. Varios temas no los conocía, pero los que conocía eran versiones distintas a las comúnmente escuchadas. Y esto es otro punto a favor de la pequeña islandesa: ella hace constantemente covers de sus propios temas. Imagino lo fascinante que debe ser tener distintos bootlegs de Björk ya que los teman deben ir mutando a través de los años. Algo muy interesante. Es más, algunos temas los reconocí por la letra, ya que la música… bueno… era totalmente diferente.

Luego del cuarto o quinto tema, Björk se cansó bastante de la cantidad de gente que sacaba fotos y les pidió que paren de hacerlo, ya que era casi imposible actuar en esas condiciones. Todos estos niños TAN enfermos de la tecnología, ¿todavía no aprendieron que una foto en un recital sale mucho mejor si la sacan SIN flash? De esta manera pueden retratar el juego de luces que influye mucho en el espectáculo. Y además, no dejan ciego a los artistas. Y bue… Parece que el tirón de orejas sirvió ya que el volumen de flashes bajó considerablemente.

Como les dije antes, el recital fue en línea recta en subida. Cada tema era un poco menos tranquilo y un poco más movido. La transición se hizo casi imperceptible. Solamente nos dimos cuenta cuando, sobre el final del recital, el teatro se convirtió en una “rave”. Muchas luces, papelitos y un PUM, PUM, PUM, PUM constante mientras los más jóvenes (y algunos no tanto), bailaban como si estuvieran en el boliche de moda.

Claro, esta es, sin dudas, la parte que menos me atraía del show. Toda esa calma e introspección de la primera parte del espectáculo había sido reemplazada por esta sección mucho más festiva y… “liviana”. Lo interesante llegó sobre el final. El clímax máximo estaba ahí. La “rave” estaba en su máxima expresión, pero en este momento me empecé a dar cuenta de la complejidad de lo que estaba sonando. De golpe, Björk y su banda, en la parte más “dance” del recital, dejaba de lado las raíces pop para sonar más parecidos a Nine Inch Nails (sin distorsión, claro). Acá es donde quedé gratamente sorprendido. El final, apoteótico, con una base muy fuerte, mientras los bronces, divididos en dos grupos sonoros, tocaban estructuras diferentes entre si (en ritmos diferentes), mientras Björk susurraba otra melodía en otro ritmo. Wow, pensé, Björk, Nine Inch Nails y Tool en un solo escenario :D . Claro, mucha gente bailando, saltando y yo ahi, quieto, admirando a esas 15 personas arriba del escenario, cada una en un mundo diferente, dando un producto único.

Y acá es donde tengo otra aclaración al margen. Hay momentos en donde esta música parece que fuera un caos sonoro. Una catarata de notas y ruidos aparentemente descontrolados en donde importan más el ritmo que otra cosa… pero no. En varios momentos del show, la banda generaba un caudal de sonidos bastante caótico. Incluso parecía que era “cualquier cosa”, pero si uno miraba a Björk, la notaba reaccionando ante pequeños sonidos dentro de ese caos sonoro. Imaginen una bola de ruido y una persona que se mueve antes los pequeños “chin-plin-toing” que se esconden por ahí. Cada ruidito estaba seriamente calculado sin dejar nada al azar.

De la voz de Björk hay poco para decir, más que es impecable. Son pocos los cantantes que luego de los 40 años pueden mantener su voz casi intacta, y este era uno de los casos. La voz de Björk es sumanente particular y, tanto en los momentos de calma como de agitación, llega a las notas casi sin esfuerzo. Un placer verla cantar así. El único punto malo del show fue la duración del mismo: una hora y veinte minutos, más o menos. Muy corto para un espectáculo internacional en pleno año 2007. Un total de 18 temas y un solo bis suena a mucho, pero tomando en cuenta que sus temas no duran más de 4 o 5 minutos, el total es bastante pobre.

En resumen: una voz prodigiosa, un sonido muy personal, una balance justo entre tranquilidad y caos y composiciones extrañas hicieron del show de Björk un espectáculo único.

Y nos volvimos a casa, sin tomar en cuenta que al día siguiente era lunes y pensando en que creo que es la primera vez que voy a un recital sin guitarras ni bajos… :P

One Response to “Björk en Argentina: 4 de noviembre”

  1. Siren Lydian Says:

    Excelente review. Hay una broma que casi siempre le hago a mis amigos cuando empiezan los debates de religion y sobre la existencia de Dios…

    ” Chicos, Dios es mujer…su nombre es Bjork ”

    Ella es simplemente una diosa. Junto a Imogen Heap, es mi mas grande influencia vocal…sin embargo, jamas he tenido el placer de poder verla en vivo.
    Rara vez hace un tour por aca. Cuando viene solo pasa por Nueva York y se va.
    Y es en cierta forma por lo que tu dices, su musica no es un estilo facil de entender o absorber. Los que no la han escuchado, tienden a equivocarse y pensar que porque hay elementos electronicos, esto hace que la musica sea automaticamente popular, facil de escuchar y commercial. No es asi.
    Cada nota disonante, y que puede parecer un accidente incluso para un musico de Jazz ( o alguien acostumbrado a oir y entender cosas complejas ) … fue puesta ahi por una razon especifica.
    Algo que disfrute mucho viendo fue el DVD con detalles de como escribio y le dio forma a su disco “Medulla”. Todo son voces humanas, cada instrumento en ese disco. Pero ver cuando estan grabando partes de percusion, y hasta violines…. y que alguien esta emulando detras de un microfono, con su voz, el sonido de cada instrumento…es verdaderamente sorprendente. El DVD se llama ” Inner Part Of An Animal Plant Structure - The making of Medulla”. No salen videos de musica, mas bien cubre todo el proceso de grabacion, y de como fue agregando ideas. Lo recomiendo! :]

    -Siren

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