Más mierda en el inodoro
Han condenado a reclusión perpetua a Christian Von Wernich, ex capellán de la Policía Bonaerense, por 7 homicidios, 42 privaciones ilegítimas de la libertad y 32 casos comprobados de torturas. Todo un nene.
¿Qué se puede decir ante un tema así que no se haya dicho antes? Todos sabemos que desde 1976 hasta 1983 Argentina tuvo un gobierno que se dedicó sistemáticamente a exterminar a cada persona que no pensara como él. Arrasó con cuanto ser humano se cruzó en su camino sin darles la oportunidad de tener un juicio justo y defenderse. No. Ese gobierno se creyó con derecho de decir “ésta es la verdad” y actuar en consecuencia. Secuestró gente, la torturó de las peores formas que un ser humano puede imaginar, incluyendo a embarazadas, la mató, robó sus bienes, robó bebés y decenas de actos que quizás nunca sabremos y que sólo caben en una mente retorcida y enferma.
Desgraciadamente hoy en día sus protagonistas y defensores siguen encerrados en su creencia enfermiza de que actuaron correctamente. Son como ciegos que no comprenden la magnitud de lo ocurrido y que piensan que la vida de una persona tiene el mismo peso que cualquier objeto material.
Por suerte la Justicia, de la cual reniego siempre, actuó como debía. Metió en la cárcel a un genocida que, por más que tenga vestidura de cura, merece el peso de la ley.
Son preocupantes sus palabras al tribunal en donde dijo:
En 2000 años de historia ningún sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana violó los sacramentos.
En serio, ¿alguien le cree? ¿Alguna persona en su sano juicio puede creer semejante tontería? ¿Vive en una burbuja? Dejemos de lado las creencias religiosas que cada uno puede profesar. Repito, ¿alguien le cree? ¿Lee un libreto para que sus enfermizos allegados sigan creyendo en él de manera ciega? ¿Está convencido de ésto o sabe que es mentira y tiene cara de piedra? ¿Cree que el resto de la sociedad es estúpida? ¿Nos cree idiotas?
Tuvo la suerte que otras personas no tuvieron: un juicio. El ojo por ojo y diente por diente no funciona en un mundo civilizado. Se recurre a la Justicia, imperfecta, si, pero por lo menos uno tiene la posibilidad de hablar, de defenderse, posibilidad que miles de personas no tuvieron. ¿Qué pensará Dios de él? ¿Dirá “bien hijo mío por asesinar y torturar a esos hijos de satán” o dirá “no entendiste ni una sola palabra de lo que dije”? Por suerte todavía le queda un juicio mucho más grande y duradero: el juicio divino que, sin dudas, lo va a enviar al fondo del Infierno.
Es bueno darnos cuenta que, poco a poco, estamos aprendiendo a hacer caca en el inodoro y tirar la cadena… como corresponde.


