Reacción

A los 12 años le compraron su primera guitarra y se sentía feliz. Eran los albores de la etapa rebelde de un joven común y corriente como vos, como yo. Empezó, poco a poco, a conocer el instrumento, a familiarizarse con él; quería ser como sus héroes musicales.

Todas las tardes, cuando salía del colegio, corría hasta su casa y casi sin saludar, se encerraba en su pieza para ponerse a practicar. Se pasaba horas repitiendo una y otra vez los mismos acordes. Algunos le costaban mucho. Durante los primeros días empezó a dudar de su futuro con la guitarra. Las yemas de sus dedos estaban lastimadas y le costaba mucho tocar; se sentía frustrado. No comprendía como hacer para tocar y no lastimarse los dedos. Claro, no sabía que esas pequeñas heridas formaban parte de la formación como guitarrista. Dejó pasar algunas semanas y volvió a tomar el instrumento con resultados similares en sus yemas. La frustración había aumentado. Pero no deseaba rendirse.

Entre sus amigos, su nuevo pasatiempo lo empezaba a convertir en una pequeña celebridad. Todos le preguntaban si sabía tocar la guitarra y el asentía. Claro, todavía no sabía tocar nada reconocible, pero le encantaba decírselo a todo el mundo. Él no se daba cuenta, pero estaba empezando a utilizar su instrumento como medio para mostrarse como algo que no era: un héroe.

Los años pasaron y su técnica fue mejorando, aunque no mucho. No todos nacen para la música, pero ese impedimento no lo iba a detener. Sabía que no era virtuoso pero no le importaba; se sentía importante gracias a su guitarra. Sin embargo, ese sentimiento de importancia empezó a mutar lentamente. Con el correr de los años el sentirse importante entre sus amigos empezó a ser sentirse superior. Poco a poco empezó a cerrarse en su música y a sentirse, entre comillas, poderoso ante los demás. Distorsionaba su guitarra intentando hacer más y más ruido. Se reía de los que no eran como él y los consideraba seres de menor nivel.

Su gusto por la música se había transformado en una vía para mostrarse diferente ante los demás. El odio que sentía por su entorno se multiplicaba cada día más y lo expresaba en su forma de ser, en su música.

El volumen en su casa sonaba cada vez más alto…

With all our screaming
We’re gonna rip right through your brain
We got the lethal power
It’s causing your sweet pain, oh sweet pain
When we start to rock we never
Want to stop again

Se sentía importante… pero no lo era…

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