Olores

En mi viaje diario al trabajo me encuentro por momentos con algunas imágenes no del todo agradables. Al parecer, las escaleras de acceso al subte en la estación Retiro de la línea C (las que salen a la plaza) son utilizadas por varias personas como una suerte de baño público. No falta el día en el cual el olor a pis (iba a decir “el olor a orines”, pero quedaba raro en mi) es insoportable. Incluso hay días en donde los olores se mezclan con el producto de otros desechos humanos más sólidos.

Si, si… muy desagradable. A la mañana esas escaleras están en buen estado, pero a la tarde es un descontrol. Claro, en esa zona hay mucha gente en la calle y, quizás, se puede llegar a “comprender” (si, ente comillas), ciertas actitudes de éstas (usar una remera como papel higiénico y dejarla ahí tirada no es algo muy comprensible, pero bue…).

Uno de los clientes en donde trabajo es un estudio jurídico bastante importante. Sus empleados forman parte de un sector de la sociedad bastante acomodado. Muchos títulos profesionales, mucho apellido doble, mucho poder adquisitivo, mucha “high-society”, mucha sangre azul. ¿Sabén qué? No hay día en el cual vaya al baño en donde NO me encuentre un inodoro usado al cual no le tiraron la cadena. Si, como lo oyen, entrar al baño de hombres es sinónimo de inodoros con residuos humanos ahí tirados…

Si dudas, ser una persona “mal educada” o “mal aprendida” o ser un mugriento NO depende de la clase social ni de las posibilidades ni de los títulos nobiliarios. Queda claro que es más comprensible encontrar un pañal en una escalera que encontrar un inodoro sucio.

¿Vieron el señor de traje que cruza la avenida con su maletín? Hace pis y no aprieta el botón.

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