Coldplay en Argentina: martes 20 de febrero
Y llegó el día en el cual se presentaba Coldplay por primera vez en Argentina. Tenía que apurarme. Mi idea era salir del trabajo a las 18:30 para ir a casa, cambiarme, pasar a buscar a Lau por su trabajo y luego ir para el teatro Gran Rex. Claro, como ocurre en estos casos, la vorágine laboral hizo que saliera de la oficina a las 19 y generó que apurara el paso para recorrer todo el camino.
Llegué a casa y me cambié en cinco minutos para salir corriendo hacia la estación de subte. Es bastante relajado tomarse este medio de transporte a esa hora y en dirección céntrica: viaja muy poca gente. Me bajé en la estación correspondiente y caminé a paso veloz (si, si… raro en mi) las cuatro cuadras que me separaban del trabajo de Lau. Esperé un par de minutos hasta que bajó y partimos raudamente para tomarnos otro subte (esta vez la línea B).
Llegamos al teatro unos 45 minutos antes del comienzo previsto del espectáculo. Vimos que había mucha gente en la puerta del teatro, pero ya estaban ingresando al mismo. Ni lerdos ni perezosos, decidimos entrar de una. ¿Para qué quedarse afuera parados? Sacamos las entradas del bolsillo y nos mandamos. Primer control: nos pedían las entradas y se fijaba si era el sector correcto (en nuestro caso, platea). Nos dan el OK. Antes de ingresar al teatro hay un segundo control… el ya famoso “las chicas por la izquierda los varones por la derecha”. Me revisaron para ver si no llevaba cámaras y grabadores (perdón, los que tienen celulares que sacan fotos, graban, se conectan a Internet y sirven mate, ¿tienen coronita?). Bue… Llegamos hasta un tercer control, bastante moderno. Un flaco tomó las entradas y las pasó por un ¿lector de códigos de barras? con el que verificaron vaya a saber uno qué (luego de escribir esto me enteré que cada entrada que pasaban por ese aparatito quedaba marcada para que no haya duplicadas). Llegamos hasta la puerta de la sala y esta vez nos cortaron las entradas y entramos… donde nos recibió el acomodador. Flor de julepe nos pegamos cuando éste nos dice que esperemos un segundo. Lo único que faltaba, pensé, que nos digan que las entradas son truchas. Las había comprado en el mismo teatro, así que no debía haber problemas. Por suerte no era nada.
Llegamos hasta nuestro asiento (fila 18) y nos sentamos. Bien, dijimos, se ve muy bien desde acá. La sala tiene una pequeña inclinación a esa altura, lo cual nos permitía ver sin que los de adelante nos taparan… mucho. La espera se hizo bastante corta mientras charlábamos y veíamos a los especímenes que nos rodeaban. En especial, estábamos preocupados por la parejita que estaba delante nuestro. ¿Nos van a tapar cuando ellos se paren? Mmmmm… En medio de la espera, esta pareja se paró para comprar unos caramelos. Aprovechamos velozmente para pararnos durante escasos segundos y controlar que sus cabezotas no nos taparan. ¡Excelente! Se veía todo.
El público que poblaba la platea era poco variada. Mucha clase media-alta y clase alta que desfilaban con sus celulares último modelo, los chicos con sus pelos artificialmente desprolijos y las chicas “re-top” (léase “re-taaaap”) . Interesante, ¿no? Tuve que haber llamado a los “muchachos del rioba” para decirles que había buena pasta entre el público y que los vengan a buscar a la salida.
(Un momento… yo estaba ahí… ¡No! ¡Me he convertido en uno de ellos! A ver…). Entre el público se divisaban personajes famosos… no, no… famosos, no… conocidos, o mejor dicho, pseudo-conocidos. Ahora si. Y claaa…. en un recital así el target es muy alto. Muchos de estos personajes tenían muy buenas ubicaciones, a excepción de alguno que otro que estaba varias filas detrás mío (cómete ésta Ari Paluch! :P).
Los plomos iban y venían por el escenario. Guitarras, bajos, teclados, batería, lo clásico. Finalmente el momento de la verdad se acercaba. Los plomos ya habían dado el OK y el escenario estaba despejado. Sólo faltaba la banda.
La música de fondo subió y todos nos preparamos. Finalmente, diez minutos después del horario pautado, las luces se apagaron. Los gritos se volvieron ensordecedores mientras un tema “medio-rapeado” sonaba por los altoparlantes. La entrada se demoraba, quizás a la espera de generar el ambiente, quizás porque todavía no estaban listos.
Por fin la banda fue entrando al escenario. Guy Berryman, Jonny Buckland y Will Champion tomaron el escenario ante los gritos de todo el teatro. Tomaron sus instrumentos y arrancaron: Square One fue el elegido para el comienzo. El público enloquecía, pero llegó al súmmum cuando Chris Martin empezó a cantar. Los gritos ensordecedores hacían difícil escuchar la voz. Berryman y Buckland desempeñaban un papel con un perfil muy bajo. Martin, obviamente, flotaba sobre el escenario cantando y yendo de aquí para allá y Champion… bueno, creo que Will Champion merece un capítulo aparte. Es INCREÍBLE la potencia que tiene este flaco para tocar la batería. Un fierro el pibe (me hacía acordar físicamente a Sergio de Los Natas). Es decir, si querés que tu banda suene con si fuera una bazooka ante cada golpe de redoblante, hablá con este flaco.
La gente aplaudía, saltaba, gritaba, era el caos (es decir, caos en recital de Coldplay, no caos en recital de Slayer, ¿si?). Segundo tema: Politik. Aquí la presencia de Champion era mucho más notoria. Las luces brotaban dejándonos, por momentos, casi ciegos. Mucha luz, mucho laser. El tercer tema hizo que el teatro explotara: Yellow. Me sorprendió que lo tocaran en este momento. La gente cantaba muy alto y esto sorprendía a Martin que se sentía desbordado por el “calor del público”. Al principio de este tema ocurrió algo extraño: unos globos grandotes bajaron desde alguno de los pisos superiores. Cuando los vi pensé que lo extraño que en el tercer tema tiren globos. Miré a la banda y creo que ellos estaban más extrañados que yo. No es normal que en un espectáculo se tiren globos en el tercer tema. Si al final, pero no al principio. La gente se desconcentra del recital en sí y empieza a pegarle a los globos para jugar. La banda no se notaba muy contenta. Miré los globos: no eran de muy buena calidad. Miré a los músicos y éstos ignoraban prácticamente a las redondas gomas con aire, quizás intentando que no sigan molestando. Quedé extrañado. ¿Esos globos NO forman parte del espectáculo? ¿Quién los ingresó? ¿Los que los ingresaron pensaron que quedaba “bien”? No se.
El show corria con mucha velocidad: Speed Of Sound (al final de este tema los plomos entrarons y sacaron los molestos globos del escenario), God Put A Smile Upon Your Face (¡cómo me gusta este tema!), What If, Sparks, Don’t Panic, White Shadows se sucedían manteniendo una misma tónica. Tres músicos estancados en sus lugares y un cantante que recorría el escenario y, por momentos, las escaleras laterales del teatro. Me daba pena por Berryman, Buckland y Champion ya que cuando Martin se iba a un costado de la sala todo el mundo miraba al rubio cantante dejándolos a ellos casi abandonados en medio del escenario. Me hubiera gustado estar más adelante para, en estos momentos, quedarme viéndolos para que sintieran que alguien les prestaba atención.
Finalmente llegó un tema que es, sin lugar a dudas, el que más me “llega”: The Scientist. La versión que hicieron fue muy emotiva y generó que, por momentos, se me pusiera la piel de gallina:
Nobody said it was easy
It’s such a shame for us to part
Nobody said it was easy
No one ever said it would be so hard
I’m goin’ back to the start
Coldplay - The Scientist
Lo único que no me gustó de la versión es que la melodía del final (”ahoooo”) es hermosa pero Martin la cambió (como lo viene haciendo desde hace tiempo). Esa melodía me parece la columna vertebral del tema, pero bue… Un punto interesante: el tema dice “I’m goin’ back to the start” y el famoso video del tema transcurre en retroceso. ¿Alguien notó que al final del tema, en el recital, se escucha este tema de adelante para atrás? Una pavadita, pero bien pensado.
Acá es donde me preocupé. Estaban despidiéndose. Iban 10 temas, nada más. Una hora de recital. ¿Ya se venían los bises? Si. Al parecer, si.
Los cuatro muchachos volvieron al escenario y se colocaron en una de las escaleras laterales del teatro para, alrededor de un micrófono, cantar un temita acústico. Green Eyes fue el elegido (y Lau chocha
). Martin pidió, por favor, silencio, ya que las guitarras NO estaban enchufadas y lo único que se amplificaba era lo que llegaba al micrófono. Claro, somos argentinos y como todo nos chupa un huevo, los gritos y los “te amo” no paraban (¿alguien puede darle un cachetazo a la gordita que estaba a mi izquierda que gritaba como desesperada “te amo, te amo”?). Martin seguía pidiendo silencio y, durante el tema, la gente hacía pequeños huecos de silencio que eran interrumpidos por gritos descolgados.
Los temas siguieron: Clocks (con una coreografía de lasers), Talk, Trouble y In My Place (estas dos últimas MUY coreadas) cerraron el primer grupo de bises. Para terminar tocaron Swallowed in the Sea y Fix You, otra muy coreada, pero que, otra vez, me cambiaron un muy buen final. Muchachos, esos finales son fundamentales para que mis neuronas liberen la endorfina correspondiente. Gracias.
Como conclusión puedo decir que Coldplay no es una de mis bandas preferidas pero generaron buenos momentos en mi. Como músicos no tienen mucho que ofrecer. Todas las miradas están depositada en Chris Martin y los otros tres cumplen sin mayores problemas ni riesgos. Las tontas comparaciones con U2 no valen la pena hacerlas por la misma razón que Chris Martin, pese a su gran carisma, está lejos de Bono. Y a Jonny Buckland todavía le faltan siglos para llegarle a The Edge. Pero bue… son jóvenes y todavía tienen tiempo de jugársela y encontrar su propio estilo. ¿Quizás su próximo disco no tenga nada que ver con los primeros tres?
El recital estuvo muy bien. Tal vez fue un poco corto ya que una hora con cuarenta minutos me parece poco para un banda de este tamaño.


