En el fondo
Esta mañana, de viaje al trabajo, terminé de leer “El diario” de Anne Frank. Debo decir que hacía tiempo que un libro no me sensibilizaba tanto. Para quienes no conocen de que se trata les cuento, en pocas líneas, que Anne Frank (o Ana Frank, como dicen muchos) era un chica alemana que vivía en Holanda en plena Segunda Guerra Mundial. Cuando cumplió 13 años (en 1942) le regalaron un Diario el cual empezó a escribir muy feliz. Semanas después del regalo, ella junto con su familia tuvieron que esconderse de la persecusión que los judíos sufrían en Europa durante esos años. Vivieron durante dos años en una pequeña “casa de atrás” que estaba escondida detrás de un edificio de oficinas. En ella vivían Anne con su hermana Margot, sus padres Otto y Edith y junto a ellos la familia Van Pels (padre, madre y su hijo Peter) y un octavo morador llamado Fritz Pfeffer.
El diario cuenta la vida en este encondrijo durante esos dos años mostrando una crudísima verdad de la cual muchos de nosotros no tenemos ni la más mínima noción. Anne cuenta (antes de esconderse) lo que es sentirse discriminada por ser judía, teniendo que utilizar la estrella de David a la vista y lo que se siente no poder utilizar medios de transporte públicos, no poder entrar a bares o restaurantes o tener que hacer las compras sólo en ciertos negocios.
Durante los meses que estuvo oculta uno se entera de las grandes privaciones que sufrieron viéndose obligados a comer, en muchos casos, comida podrida; tener una sola letrina y, por momentos, no poder hacer correr el agua; tener que mantener las ventanas tapadas y cerradas para no delatarse, no poder hacer ruido durante muchas horas del día, no poder prender ni siquiera una vela. Catastrófico.
Anne se muestra en el Diario tal cual es: una niña con sueños, con proyectos y, sobre todo, con ideas. Algunas de las frases que escribe aún hoy deben parecerles extrañas a muchas personas que mantienen una mentalidad cavernícola. Sin embargo Anne, en esa época, ya las expresaba.
El libro muta, en sólo dos años, del texto de un nena feliz de 13 años al de una mujer de 15. Los sentimientos que expresan sus palabras son por momentos duros y más aún sabiendo el deselance.
Deselace que se produce en agosto de 1944 cuando los ocho ocupantes de la casa son detenidos por culpa de un soplón que los delata. De ahí son separados y enviados a distintos campos de concentración. Anne muere a fines de febrero o principios de marzo de 1945 de fiebre tifoidea, unos días después de la muerte de su hermana. Ambas se creen que están enterradas en una fosa común en el en el campo de concentración de Bergen-Belsen, Alemania. El resto de los ocupantes también muere, menos su padre Otto Frank el cual pasó el resto de su vida, hasta su muerte en 1980, difundiendo el mensaje del diario de su hija.
Seguramente durante esos años oscuros en donde el nazismo cercenó la vida de millones de personas, deben haber existido miles de historias más o menos crudas que ésta. Pero quizás, este diario guarda información y sobre todo, sentimientos, que nos intenta acercar a lo que fue un calvario para millones de seres humanos.
No me gusta decir “este libro se debe leer”, así que les voy a decir “un día que no sepan que leer, les recomiendo este libro”.
Si quieren saber un poco más de Anne, les dejo el link a la página de Wikipedia y les dejo otro link a la página de la Fundación Anne Frank.
Bue… después de leer algo tan… estem… crudo, vuelvo a las “pavadas” para despejarme. Mañana empezaré a leer “Más oscuro de lo que pensáis” de Jack Williamson (si, si… la traducción española del título suena raro, pero bue… :))


