e-Robo
Si hay algo en lo que nos caracterizamos los seres humanos es en ser ventajeros. Muchas personas hacen todo lo posible por obtener algún beneficio sin importarle que ese beneficio perjudique a otra persona, tema que ya hablé en éste post. Muchas veces este concepto de beneficio/perjuicio se solapa diciendo que son “negocios” y que “los negocios son así”.
Hace algunos meses que estoy trabajando en un proyecto que es el uno de los negocios que más va a explotar en los próximos años a nivel mundial y que, sin dudas, es el súmmum del chamuyo comercial.
Pese a que hace poco que estoy trabajando en esto (en realidad estoy haciendo modificaciones a sistemas que involucran este concepto) ya me he dado una idea de como son las cosas.
El tema del que hablo es el de la facturación electrónica (o e-Billing, como le dicen “los que saben”). Antes, la relación comercial se daba entre un proveedor y un cliente, en donde el proveedor brindaba su servicio o producto y le facturaba al cliente por ese servicio o producto. Para realizarlo, le emitía un comprobante (comunmente llamado factura) en donde se detalla el valor. El cliente, luego, pagaba esa factura. Hasta acá, el ABC.
Desde hace algún tiempo apareció este nuevo concepto que agrega una tercera pata: la empresa que provee el servicio de procesamiento de facturas electrónicas que es contratada por el cliente, es decir, la empresa que recibe la factura y que tiene la obligación legal de pagarla.
Una factura electrónica no es, ni más ni menos, que un archivo de texto común y corriente (que se puede armar con un bloc de notas), el cual tiene un formato estándar (o casi) y que utiliza codificaciones también estándars (o casi, parte 2). O dicho de otra manera, te dicen cómo tenés que escribir la factura para que los sistemas informáticos puedan entenderla.
En este caso, el proveedor presta el servicio o vende el producto y tiene que generar una factura electrónica la cual se la tiene que enviar a esta empresa intermediaria que supuestamente se encarga de recibir todas las facturas emitidas por todos los proveedores del cliente. Toma una licuadora, bate todos los archivos, y le genera al cliente información “útil”. Obviamente, esta factura electrónica pasa por ciertos filtros automáticos (y no tanto) que hacen que si la factura que emitiste no cumple con ciertas reglas impuestas por el cliente, la factura es rechazada. Incluso hay clientes que delegan las facultades de pago a estos intermediarios. Es decir que un proveedor factura 1000 a un cliente y es el intermediario el que le paga 1000 al proveedor. Luego el intermediario combina con el cliente para “cerrar números”. Dicho de otra manera, el cliente terceriza todo su departamento de proveedores. Algo muy común en estos días: tercerizar.
Supuestamente, todo esto sirve para tener la información sin errores (ya que se evita enviar un papel y que el cliente tenga que ingresarlo en su sistema), se ahorra dinero en papelería y gastos de envío, se puede auditar mejor tanto al proveedor como al cliente, menos posibilidades de zafar del pago de impuestos, almacenar menos papeles y obtener más rápido la información.
Hasta acá, todo bien. Parece que la facturación electrónica es LA gloria. Pero…
En Argentina no es olbigatorio, pero en muchos países de Europa y en Estados Unidos, Canadá, etc., está empezando a proliferar esta modalidad. Hemos recibido mails de clientes del extranjero que nos dicen (bah… a mi no, que soy un empleado externo, sino a la empresa donde trabajo) que a partir de cierto día, solamente van a aceptar facturas en formato electrónico y que la comunicación comercial la tenemos que hacer solamente con esta empresa intermediaria. Esto genera que tengamos que modificar los sistemas de facturación para que generen de manera automática estas facturas electrónicas tan bonitas. Lo cual a la empresa le acarrea un costo bastante importante que, seamos buenos, se puede tomar como una inversión, siendo que de aquí en adelante esto sirve para todos los clientes que a futuro tengan esta obligatoriedad. El gran problema de todo esto, es que esta modalidad de facturación OBLIGA a realizar cambios profundos en la organización de la empresa (que tiene más de 700 empleados) para poder brindar la información a gusto del cliente. Si, a gusto del cliente. Ya que CADA CLIENTE DECIDE qué información se le envía y cómo se la tiene que informar. Esto genera un dolor de cabeza bastante grande a la organización que tiene que adaptarse a cada uno de los clientes que piden facturación electrónica (hoy son 15… en unos años van a ser todos los del exterior que serán más de mil… y ni les cuento cuando se haga obligatorio en Argentina…).
A todo esto, nos enteramos que esta empresa intermediaria se queda con el 2% de cada factura que se emite en concepto de… de… de… no sé… ¿robo? Y ese 2% se lo cobra al proveedor, es decir, a nosotros (bah… no a mi… creo que ya lo expliqué… ;)).
Seguramente este intermediario le cobre un porcentaje al cliente por brindarle el servicio (es obvio) pero es INCREÍBLE que el intermediario TAMBIÉN le cobre al proveedor.
Es tán estúpido como decir que uno es pintor y acuerda con una persona que le vamos a pintar la casa por $1000. Cuando terminamos el trabajo, le pedimos a la persona que nos pague y ésta nos obliga a hablar con otra persona que nos termina pagando $980.
¿Solución? Le tengo que cobrar $1020,41 para que, cuando me saquen el 2% me queden $1000 en el bolsillo, sino, pierdo plata… por culpa ajena.
Señoras y señores: la facturación electrónica es un ROBO A MANO ARMADA inventado por algún cerebro que ha generado que los proveedores estén obligados a aumentar sus precios (con todo lo que eso significa) para no bajar sus ventas y beneficiar así a una empresa intermediaria que, digamos la verdad, no hace nada. Levanta archivos de textos, lo procesa bajo ciertas normas pautadas, rechaza algunas y el resto las “procesa”. Es decir… 5 empleados con 2 PC’s… Y facturan de lo lindo!
Alguien me dirá que la empresa tiene la opción de no tener más a ese cliente. Normalmente estos clientes son gigantes a los cuales se les factura muchísima guita y que la empresa, obviamente, no quiere perder.
En pocas palabras: una empresa quiere tercerizar su departamento de proveedores y parte del costo de realizarlo lo pagan los mismos proveedores. ¡¡¡INCREÍBLE!!!
Claro, esto aumenta los costos de los proveedores o de los clientes, ya que la plata que se le paga al intermediario tiene que salir de algún lado, ¿no? Y ojo, que si una empresa necesita bajar costos, ya todos sabemos quienes son los primeros perjudicados a la hora de recortalos, ¿no?



September 15th, 2006 at 1:19 pm
AGARRAME BIEN EL E-BILLING!!!!