Me desperté el sábado con mucha impaciencia: iba a ver por primera vez a Dream Theater! El día se presentaba nublado; muy nublado. Mientras hacía tiempo lavando los platos y lavando la ropa, rezaba por que no lloviera. Obviamente, a las 4 de la tarde miré por la ventana y una lluvia torrencial caía sobre Buenos Aires. Y bue…, pensé, no será ni la primera ni la última vez que soporte una lluvia en el recital.
Dudaba mucho sobre a que hora ir para el estadio. El recital estaba anunciado a las 20. Yo quería llegar antes, pero llegar mucho tiempo antes y soportar un diluvio durante algunas horas era poco alentador.
Finalmente, a las seis y media salí de casa hacia el estadio. Milagrosamente había parado de llover. Buena señal, pensé. Caminé las 15 o 20 cuadras que separan mi casa del estadio a paso tranquilo. El sol empezaba a colarse entre las nubes renuentes aún a irse.
A las 7 y pico llegué al estadio… ¡Mamá! ¡La cola que había! Salía de la puerta de Obras por Libertador y llegaba hasta Udaondo (unas 5 cuadras) y luego doblaba por ésta vaya a saber hasta donde… Por suerte, a los pocos metros de la curva de la cola por la avenida Udaondo, me encontré con Carlos, un compañero de colegio que hacía mucho tiempo que no veía. Estaba junto a un amigo y su esposa. Me anexé a ellos y mientras charlábamos la cola fue avanzando.
Las puertas se abrieron a las 19… el recital iba a empezar a las 20… ¿Cómo iban a hacer para meter a miles de personas al lugar en una hora? Simple… “¡¡Vamos, chicos, vamos!! ¡¡¡Pasen, vamos!!! Rápido!” Ni me revisaron. Pude haber entrado un equipo de audio y video completo que nadie se hubiera dado cuenta. Y bue…
Entramos al estadio (el mismo en donde tocó Megadeth hace un par de meses), pero habían habilitado solamente la mitad de este para estas fechas. De entrada, lo escueto de la producción del recital me asustó: no había pantallas, había 3 luces locas y no mucho mas… Baratito.
Como siempre, la espera se hizo larga. El público amenizó con cantitos del estilo “Olé, olé, olé, olé… Portnoy, Portnoy” o “Petruuuuucci, Petruuuuucci” o “Olé, olé, olé, olé… Chino, Chino” o “Pelaaaaaaado, Pelaaaaaaado”. Pobre James, nadie le dio bola… :). El lugar se había llenado. Unas 10000 personas esperaban asiosas. Alguien me dijo que cabían 20000. Cuando tocó Megadeth había 230000 personas y el lugar era casi el doble de grande… Acá no podían entrar 20000 ni a presión…
A las 20:20, apróximadamente, subió el volumen de los parlantes y se apagaron las luces. Una introducción (¿de La Naranja Mecánica?) llegó a nuestros oídos. El público se apretujó contra las vallas. La espera había llegado a su final!!! Un plomo destapó la batería de Mike y otro los teclados de Jordan y, de repente, la banda entró al escenario. “The root of all evil” fue el tema elegido para comenzar. Wow!!! El público deliró… o casi. Quizás los fans mas acérrimos (como todo fan acérrimo) tienen a no gustarle las cosas del último disco. Pero el tema dió para saltar, gritar, etc. Al primer salto que di, mis gemelos me dijeron, ¿estás loco? ¿Todavía no nos recuperamos del recital de Nine Inch Nails y vos querés saltar ahora? Mi garganta dijo algo parecido.
Segundo tema: “Panic attack”. Caos en Obras. Sin duda, éste es uno de los temas mas “violentos” y “pegadizos” del último disco. A continuación llegó la primera sorpresa de la noche (por lo menos, para mi): “A fortune in lies”, tema de su primer disco. No me lo esperaba. Luego de este tema, James comentó que iban a tocar temas de todos sus discos… Fieles a el estilo de ellos, tocaron los temas BIEN ordenaditos…
Todos sabemos que la música de Dream Theater es muy compleja (creo que no he descbierto América diciendo esto), pero eso se notaba entre el público. Personalmente, creo que esta es una banda para ver sentado, tranquilo, escuchando y disfrutando. Pero bue… estar adelante de todo genera que uno tenga que moverse si o si… Saltar la música de Dream Theater no es fácil. Piensen que mucha de su música (MUCHA) tiene tiempos impares, ritmos irregulares, cambios a diestra y siniestra, lo cual genera que, cuando uno salta “siguiendo el ritmo”, a los 10 segundos hay un tiempo de mas o de menos que hace que el salto quede a destiempo. Todos dejábamos de saltar para retomar en el momento preciso… pero luego volvían a cambiar el tiempo y otra vez quedábamos desfasados. Con los ritmos irregulares la cosa se hacía imposible. Necesitábamos una maquinaria que nos ayudara a “saltar a tiempo”. Imposible. Quedé 100% convencido que Dream Theater es un banda para ver sentado (y si… el viejazo va pegando).
Los temas se sucedían: “Under a glass moon”, “Caught in a web” (muy coreado por el público), “Peruvian skies” (en donde incluyeron un pedacito de Wish you were here y de Wherever I may roam), “Strange deja vu”, “Solitary shell”, “About to crash (reprise)” y “Losing time/Grand finale”.
Había pasado un poco mas de una hora y la banda anuncia que se van a tomar 15 minutos de descanso para luego retomar con el segundo set. Personalmente pienso que el receso sirve para que los que estamos adelante podamos descansar, pero eso de cortar por 15 minutos, mucho no me gusta. Además, me pareció que la primera parte no duró nada. Puntito en contra.
Luego de esperar durante esos 15 minutos en donde Pepo y Elo nos cutivaron son sus versiones acústicas de Dream Theater y de tener que enterarme que un agua mineral de 500 cm3 costaba, dentro del estadio, $4!!!!! (¿hasta cuando nos vamos a dejar meter el dedo en el culo con estas cosas?), las luces se apagaron y volvimos al ruedo.
“As I am” fue el tema indicado para comenzar esta segunda parte. Mientras volvía para adelante (si, si, me fui para atrás para descansar un poco), escuché a alguien que decía: “Che, este tema, ¿de que disco es?” je…
La banda sonaba muy cruda. James La Brie es un cantante que no me gusta su timbre de voz, pero que es innegable que hace el esfuerzo de cantar cada nota, por mas que llegue o no (la mayoría de las veces, llegó bien). Su función dentro de la banda es… digamos… poco feliz. Le toca estar rodeado de cuatro mounstros que hacen hablar a sus instrumentos y lidiar con un público que hacía notar su preferencia por la dupla “Portnoy/Petrucci”. Sin embargo, no se achicó y cantó todo lo que tenía que cantar y arengó al público que respondió MUY bien.
John Petrucci cumplió un papel fundamental. Su guitarra es, por momentos, la que guía al tema. Sus acordes son crudos, pocas veces armónicos (ya que tiende a utilizar acordes no muy convencionales), los momentos acústicos son excelsos, plagados de un sonido brillante y sus solos son una locura para cualquier persona que haya alguna vez tomado una guitarra y tocado, por lo menos, Smoke on the water. ¿Perfección? Díficil decirlo. Hubo muy pocos momentos donde parecía que el solo no era 100% el original (quizás porque un músico tiene a modificar constantemente lo que hace, quizás porque se equivocó). Pero en la mayoría de los casos, tocó de una manera impecable. En semejante nivel, decir que se comió 10 notas sería muy caradura. Así que John, muy bien, 10, felicitado. :). Por otro lado, John, basta de cambiar de guitarras cada medio tema. Hoy pobres acá abajo, eh!
Mike Portnoy cumplió su rol con creces. Su forma de tocar es muy fina. Da gusto verlo al flaco mostrar que tan mal tocan la batería otros bateristas. O mejor dicho, que tan poco saben otros bateristas sobre las posibilidades de un instrumento así. Hacer ritmos simples parece que lo aburren, entonces se la pasa agregándole a los temas, cuando no los tiene, alguna que otra cosita acá, allá, etc. Un mounstruo en la batería. Se nota la cantidad de influencias que tiene de gente como Neil Peart.
Es díficil evaluar a John Myung. Es tan callado, tan poco expresivo que uno diría “cumplió”. ¡¡Pero no!! Las cosas que hace este muchacho ahí calladito son suficientes como para que uno diga que superó las expectativas de todos. Y les aviso a los que coreaban “Chino, chino”, Myung es yanki de ascendientes coreanos… Y bue…
Personalmente quiero darle un aplauso extra a Jorda Rudess. Para mí, el músico con más espectro de los cinco que estaban arriba del escenario (esperen que me escondo… Ahora si, fans de Portnoy, Petrucci, Myung y LaBrie, tirenme cosas… ¿Listo? Ok… Ahi salgo…)). Jordan es un tecladista que tiene un cerebro musical gigantesco y creo que es lo mejor que ha podido hacer la banda al incorporarlo a sus filas allá por 1998/99. El muchacho tenía solamente un teclado y del otro lado peló un lap steel (si, si, un tecladista tocando un lap steel) y un aparatito que de entrada no entendí que era. Luego un flaco de por ahí algo me explicó: se llama “Continuum”. A ver si puedo explicarlo… Estem… Eh… Hagamos así, mejor entren acá y miren el videíto que hay en la sección que dice “Jordan Playing The Continuum”. ¡Fantasmagórico!
Siguieron los temas: “Endless sacrifice” (tema que me encanta!), “I walk beside you” (un tema que suena mas a U2 que a Dream Theater) y “Sacrified Sons” (que pedazo de tema, la puta madre!!!). Se notaba que la banda había bajado los decibles y quedó ratificado con el próximo tema: “Octavarium”, el cual da nombre a su útlimo disco. El mismo comenzó con una introducción excelente a cargo de Jordan Rudess que se despachó con un solo (o casi, debido se mantuvo en la linea melódica del tema) que duró entre 5 y 8 minutos (en base a las especulaciones que hicimos después). Durante el mismo, James se le anexó para hacerle unos colchones de teclados mientras Jordan se divertía con su “Continuum”. El tema duró nada mas ni nada menos que media hora (minutos mas, minutos menos) mostrando esa veta sinfónica/progesiva/setentosa que cada vez Dream Theater exterioriza más y más. La versión de este tema fue excelente, aunque al público se lo notaba por un lado cansado y por el otro lado muy espectante y atento. El clima fue sensacional y muestra que estos flacos pueden hacer una pieza épica tomándose pequeñas licencias de grandes bandas de hace unas décadas atrás.
Thank you, good night! vociferó James mientras el estadio aplaudía de pie (claaaa… no había sillas :P) a la banda. Y se vinieron los bises: un pedacito de “Through her eyes” para enganchar con una versión muy melosa de “The spirit carries on” que coreamos todos hasta quedarnos disfónicos. ¿El cierre? “Learning to live”. Excelente! Casi 3 horas. Un primer set mas “rockero” y un segundo set mas “light”. Quizás la segunda parte pudieron haber “subido” un poquito mas para que no estemos durante casi una hora parados en el mismo lugar. Sin palabras.
Dream Theater mostró en su primera noche en Argentina que todo lo que habíamos escuchado y/o visto sobre ellos en CD’s, DVD’s es cierto. Estos pibes tocan… y mucho!
El BUUUUUUUUUUUUUU de la noche se lo lleva el boludo que se pasó toda la media hora de Octavarium sacándo fotos, mirándo como habían quedado, cambiando la configuración de su cámara de fotos, etc. Si, si… a vos…
Terminó la noche y yo no podía mas. Todavía me quedaba otras 3 horas al día siguiente. A casa…