Esto lo escribí hace un tiempito (13 de septiembre de 2004).
Crónica de un viaje por los túneles de la duda… luminæ II
Todos sabemos lo difícil que se hace intentar conversar con una persona cuando se tocan ciertos temas. Muchas veces discutimos y decimos que la verdad es A pase lo que pase y caiga quien caiga. Y Muchas veces escuchamos asombrados como la otra persona jura y perjura que la verdad es B. Discutimos, gritamos y terminamos dando razones, muchas veces estúpidas, para intentar mantener nuestra verdad.
Les comento algo que me pasó el viernes en plena vuelta a casa…
Como todos los días desde hace mas de 5 años, volvía a mi casa en subte. Tomé la línea C en la estación San Martín. Mi idea, como todos los días, tomar el subte de esta línea y luego hacer combinación con la línea A para ir hasta la estación que queda a dos cuadras de casa: Castro Barros. Usé la linda tarjetita de cartón para pasar por el moderno molinete de Metrovías y, mientras bajaba las escaleras hacia el andén sonó ese molesto sonido que nadie quiere oír cuando quiere volver rápido a casa: “Ding-Dong!!”. No!!!, dije, algún problema con alguna línea. Ahora van a decir que los trenes están demorados, que alguna línea no anda, o que me tengo que comer una cola de media hora para tomarme un colectivo repleto de gente y tardar una hora para hacer el recorrido de 4 Kms desde el trabajo a mi casa… Obviamente tuve el sentimiento egoísta que todos tenemos y pensé: “Que no sea ninguna de las líneas que uso”.
“Metrovías informa que por razones ajenas a nuestra voluntad, los trenes de la línea A no se detienen en la estación Congreso. Disculpe las molestias ocasionadas.”
Lo primero que hice al escuchar el mensaje mientras bajaba las escaleras fue darme vuelta y mirar hacia los molinetes y ahí estaba, el famoso cartel blanco con una letra A grandota de color celeste y abajo, un cartel de papel blanco escrito a mano que rezaba: “No para en Congreso”. Que bárbaro, me dije, estaba el cartel ahí para que todos lo viéramos y yo ni lo vi…. y bue… si tuviera que ir a Congreso me hubiera querido matar… o simplemente me bajo una estación antes, Sáenz Peña, y camino unas cuadras, nada mas.
Bueno, dije, pese a que es la línea que uso siempre, la estación Congreso es solamente una por las las que yo paso. Con lo cual, mi viaje a casa iba a ser un poquitín mas rápido.
Cuando llegué al andén y caminé por él buscando algún lugar “semi-libre” volvió a sonar la campanita famosa… “Ding-Dong!! Metrovías informa que por razones ajenas a nuestra voluntad, los trenes de la línea A no se detienen en la estación Congreso. Disculpe las molestias ocasionadas”. Si, pensé, ya te escuché…
Mientras esperaba, me puse a ver los televisores que hay en los andenes (esos que casi nunca se escuchan nada por culpa del ruido y que, de vez en cuando, nos muestra imágenes subtituladas para ayudarnos a entender que es lo que pasa…). En la parte superior de la pantalla, un lindo cartelito digital profesaba: “Línea A: no se detiene en la estación Congreso”. Bien… ya estaba mas que seguro que en esa estación el subte no paraba… “Ding-Dong!!!”… Otra vez?
Llega el subte y me lo tomo…
Mientras la formación recorre los oscuros y húmedos túneles que cruzan la ciudad bajo tierra, yo me abstraigo del planeta con mis auriculares… “Oh, happy day… oh, happy day… when Jesus washed… oh… when Jesus washed… he washed my sins away…”
Cuando llego a la estación Avenida de Mayo, bajo velozmente; quería llegar a casa rápido. Justo cuando estaba bajando escucho un “… Congreso. Disculpe las molestias ocasionadas”. Uy… acá también los están martirizando…
Mi recorrido por los túneles de la combinación de líneas lo hago de manera veloz, pero sin correr. No me gusta ser de esas personas que corren el subte. Pero como iba con prisa, aceleré el paso. Pasé por las boleterías de la línea C y vi el mismo cartel que había en la estación en donde subí… con el mismo fondo blanco, la misma letra A en celeste y el mismo papelito blanco escrito a mano que decía el mismo mensaje que su hermano… pero con otra letra…
Obviamente que cuando estaba al final de este túnel se escuchó a lo lejos un “Ding-Dong!!!”… Si… ya lo sé…
Cuando llego al andén de la línea A lo recorro de punta a punta. Siempre viajo en el primer o segundo vagón… aunque no siempre. Pero esta vez tuve tiempo de hacer todo el camino hasta la punta. En la mitad del andén los parlantes de la estación empezaban a aullar… “Ding-Dong!!!” Al mismo tiempo miro hacia la boletería de la estación y veo al hermano de los otros dos carteles: “No para en Congreso”. Alcoyana-Alcoyana…
Para todo esto se me cruzó por la cabeza: “Que pasó en el Congreso? Alguna marcha? Ya veré cuando llegue a casa”….
Bien… llega el subte y subo a él, en el primer vagón, como casi siempre… Me quedo parado enfrente del guarda, cierro los ojos y disfruto del viaje… y de mis auriculares… “Oh, happy day…”.
Entre toda la fauna que viajaba conmigo como compañeros de viaje había un grupo de señoras que hablaban como si fuera el último día de sus vidas: “cu, cucucu, cucu, cucu, cu, cu…”, decían… Unas máquinas de largar palabras, una tras otra… Muy dentro mío pensaba: “tendrán sentido? O solo es por una cuestión de hablar?”
Yo me tomo el subte en la estación Lima, la 4° del recorrido desde Plaza de Mayo. Cuando llegamos a la estación Sáenz Peña, que es la 5° y es, como ya dije (no leyeron?) la estación anterior a la famosa Congreso, una vez mas escuché en mis oídos ese bello sonido que ya estaba extrañando: “Ding-Dong!! Metrovías informa que por razones ajenas a nuestra voluntad, los trenes de la línea A no se detienen en la estación Congreso. Disculpe las molestias ocasionadas”. La cantidad de gente que bajó en Sáenz Peña fue mucho mas de lo normal. Se notaba que toda la gente que bajaba en Congreso lo estaba haciendo una estación antes… o eso creía yo.
El subte arranca (no sin antes dejarme en mis oídos una estela de “Ding-D…”) y en eso, una de las señoras que cotorreaba se levanta, saluda a sus amigas y encara para la puerta que custodiábamos como dos gendarmes el guarda y yo… Me preguntaba: “el subte seguirá de largo como vino profesando desde hace casi media hora? Se habrá solucionado todo y parará? Pasaremos por la estación y veremos que fue tomada por seres extraterrestres que se comen a sus víctimas y usan las tarjetitas de cartón como cucharita para comerse su cerebro?” La ansiedad me mataba… (bueno… no tanto ;). Pero esa señora esperando… que esperaba? Bajarse en la siguiente? Esperaba un milagro? Se iba tirar por la ventanilla?
Y el subte, obviamente, no paró…
Pasó a la estación como alambre caído… Mire para las boleterías y vi que había un policía tomando en una tacita algún tipo de brebaje (café? te? mate?) y las puertas de las escaleras estaban cerradas. Era verdad!!! El subte de la línea A NO paraba en la estación Congreso!!!!! Me sentía feliz de ver como una información que me taladró el cerebro durante todo el viaje era real!!! (bue… no tanto…
En ese momento, comenzó este texto que estoy escribiendo…
… la mujer le pregunta al guarda: “No para?”
La miré a la señora preguntándome de donde había venido? (De que galaxia viniste, barrilete cósmico?). Quizás ella había nacido dentro del vagón y nunca se enteró de nada, quizás es como la película Moebius y estaba en trance en el subte y no había visto ni escuchado nada de lo que había ocurrido en estas líneas de transporte en las últimas horas/minutos…
- No, señora, no para en Congreso - le dijo el guarda.
- COMO QUE NO PARA? Por que no avisan?
- Señora, hace varias horas que está cerrada la estación. - el guarda me mira de manera cómplice…
- A mi nadie me avisó nada - (señora, buscó en el buzón de su casa?) - Me tomé el subte en Plaza de Mayo (la primera estación del recorrido) y no había nada que dijera que no paraba en Congreso. Que falta de respeto!!! Que vergüenza!!! A donde vamos a llegar como país!!!
El guarda la miraba resignado… y me miraba a mi riéndose. -Señora, hace rato que están avisando. Miré, ve? En las boleterías hay un cartel que avisa del problema (si!!!! estaba señalando a otro hermano casi gemelo del famoso cartelito blanco y celeste).
- No puede ser - seguía vociferando la señora - Cómo puede ser? - les preguntaba a sus amigas que, obviamente, se quejaban a la par de la señora.
Cuando llegamos a la estación siguiente apareció mi bien amada campanita “Ding-Dong!!!”.
- Ve señora? - dijo el guarda - Me están volviendo loco anunciando esto por los altoparlantes desde hace un par de horas.
- No, no. Yo cuando subí al subte en Plaza de Mayo nadie avisó nada.
- Hasta en los televisores hay avisos - (si, si… doy fe).
- No, no… no avisaron
- Si, señora
- No, no…
- ….
- No y no… no avisaron…
Y la señora se fue meneando la cabeza de un lado a otro diciendo: “no, no…no, no… no, no…” El guarda se rió, me miró, hizo sonar el silbato, cerró las puertas, y el viaje continuó…
Me quedé pensando en que había pasado con esa señora y se me vinieron varios temas a la cabeza:
1) Puede ser que no hayan avisado en la estación Plaza de Mayo que el subte no paraba en Congreso. Mi experiencia personal de DÉCADAS de subte me hace pensar que es difícil que esto haya sido así. La línea sonora en los altoparlantes es única (aunque a veces anden mal o no anden). La señal televisiva es única (aunque a veces no funcione) y los carteles en las boleterías son un clásico de los subtes. Y si es verdad lo que dijo el guarda de que hace horas que están sin parar en Congreso, el aviso a todas las boleterías era ya un hecho.
2) Quizás la señora entró apurada al subte con sus amigas y no vio el cartel, ni tuvo la “suerte” de escuchar el “Ding-Dong” ni de ver la televisión… puede ser…
PERO… (acá es donde se me hizo la luz) viajábamos en el PRIMER vagón de la formación!!!. En la estación Plaza de Mayo, si no me equivoco, las escaleras de entrada al subte están a la altura de la cola de la formación, en la parte de atrás, debido a que en esos días, las escaleras “delanteras” estaban cerradas por reparaciones. Es decir que la señora bajó las escaleras, uso la famosa tarjetita y recorrió TODO el andén hasta llegar al primer vagón de la formación. Les puedo asegurar que es prácticamente IMPOSIBLE que no haya escuchado el “Ding-Dong” con la información referente a Congreso. (y mas tomando en cuenta la frecuencia frenética de repetición de la información)
Me pongo a pensar: que fue lo que pasó? Quizás entró al subte charlando con sus amigas totalmente abstraída de la realidad. No miró a la boletería (a mi también me pasa), no vio la televisión con esa información (normalmente esos televisores, si es que andan, tienen el estado del servicio… es bueno pegarle una ojeada si se puede) y, si sonó, nunca prestó atención al “Ding-Dong” con su jugosa información. Y eso pese a que tuvo tiempo de recorrer TODO el andén de punta a punta para situarse y sentarse en el primera vagón.
Y la señora decía: “no, no… no avisaron…”
Que bárbaro, no? Ella estaba segura de la falta de aviso, totalmente segura, absolutamente segura. Después de esto puedo dar un… 99,9% (por decir un número) de probabilidades de que SI hubo aviso y que ella NUNCA recibió esa información de manera conciente.
Ella perjuraba que la verdad era A y el guarda le decía que era B y ella NO le creía al guarda…
Cuantas veces en nuestras vidas, cuando discutimos algo, estamos 100% seguros de que algo es así, tal cual lo vemos? Pero, estamos 100% seguros? O CREEMOS estar 100% seguros? Y si estamos equivocados?
Vieron eso que SIEMPRE discuten con alguien en donde uno dice: “… esto es así, pero a XXXX no le entra en la cabeza que la cosa NO es como él dice”… Y si el equivocado es uno y no XXXX? “Pero si XXXX está TOTALMENTE equivocado!!!!!!”… Quizás no…
Castro Barros!!! Mi estación!!! Me bajo, subo un poquito el volumen y vuelvo a abstraerme mientras pienso: “Esa señora estaba TOTALMENTE equivocada…”… pero una voz interior me decía: “O quizás no, Martín… o quizás no…”
“Oh happy day…”